Soy Carlos Garrido. Creé Amoru para que mi familia pudiera sentirse parte de la historia de mi hija.
Mi hija, Micaela, tiene familia en otros países que quiere acompañar su crecimiento y sentirse cerca, aunque no pueda estar físicamente con ella. Pero también tiene familia en la misma ciudad que, entre el trabajo, las obligaciones y el ritmo de cada día, se pierde pequeños momentos de su vida.
Enviar una foto ayuda, pero no siempre hace que alguien se sienta parte de una historia. Yo quería un lugar donde la familia pudiera acompañar, preguntar, recordar y aportar su propia mirada; donde una abuela, un tío o un hermano no solo viera lo que pasó, sino que también dejara su voz y su cariño en ese momento.
Tampoco quería que esos recuerdos vivieran en una red social pública. Cuando publicamos allí, el contenido y la huella digital de una niña quedan sujetos a licencias, perfilamiento, publicidad y decisiones de plataformas que la familia no controla. Mi objetivo era el contrario: proteger la identidad digital de mi hija y mantener su historia bajo el cuidado de las personas que la quieren.
También entendí que la diferencia no estaba solo en dónde guardar los recuerdos, sino en el incentivo detrás del producto. Cuando un servicio depende de la publicidad, necesita captar y mantener nuestra atención: cuanto más tiempo permanecemos, más contenido consumimos y más oportunidades existen para mostrar anuncios. Yo no quería que Amoru compitiera por el tiempo de mi familia ni que usara recomendaciones interminables para retenerla. Quería que entráramos para guardar un momento, acompañar una historia o responder a alguien que queremos, y luego pudiéramos seguir con nuestra vida.
Por eso elegí un modelo diferente. La versión gratuita permite conocer Amoru de forma acotada, y las suscripciones ayudan a sostener el almacenamiento, el procesamiento de fotos y videos, la seguridad, la infraestructura y el desarrollo continuo. La relación debe ser clara: la familia es el cliente, no el producto. Amoru no mide su valor por cuánto tiempo logra retenerte, sino por cuánto significado ayuda a preservar.
Ya existen muy buenas soluciones para guardar fotos y videos, como Google Fotos o iCloud. El problema es que cada una funciona mejor dentro de su propia plataforma y una familia no siempre usa los mismos dispositivos. Yo quería reunir la historia en un solo lugar, con una forma consistente de verla y compartirla, y con una experiencia sencilla y accesible para todas las edades, especialmente para los adultos mayores que también quieren participar.
Tampoco quise reinventar la forma en que las personas ya aprendieron a relacionarse con la tecnología. De las redes sociales hay experiencias que se sienten naturales: recorrer historias, reaccionar, comentar y responder. Amoru recoge parte de ese lenguaje conocido y lo lleva a un entorno familiar, privado y tranquilo, para que entrar se sienta familiar y aprender a usarlo requiera el menor esfuerzo posible.
Ese lugar también debía ayudar a que el contenido permaneciera dentro del círculo familiar. Ninguna protección digital puede garantizarlo al cien por ciento, pero Amoru combina accesos controlados, medidas frente a capturas y marcas de agua visibles e invisibles. Si un contenido sale del espacio privado, estas señales pueden ayudar a rastrear la cuenta desde la que se compartió y aplicar las medidas de protección que correspondan.
También soy amante de los perros. Romeo no es simplemente una mascota que vive con nosotros: es parte de nuestra familia y de nuestra historia. Por eso los perros y las demás mascotas tienen un lugar propio en Amoru. Más adelante quiero que esas historias comunes también nos ayuden a construir una comunidad cercana, donde las personas puedan encontrarse, ayudarse y compartir lo que significa vivir junto a ellos.
Ahí entendí que a las familias no les faltan fotos. Lo que se pierde con el tiempo es el contexto: quién estaba, qué pasó, qué sentimos, por qué fue importante y qué recuerda cada persona. Amoru nació para conservar ese significado y ayudar a que la familia siga presente, esté cerca o lejos.
Para que recorrer tantos recuerdos no se vuelva otra tarea, Amoru crea capítulos diarios a partir de los momentos y aportes de cada historia. Es como un historiador de la familia: ordena lo que ocurrió, conserva las voces y el contexto, y permite volver a un día importante sin tener que buscar entre cientos de archivos.
La inteligencia de Amoru no busca reemplazar a la familia. Ayuda a hacer preguntas, despertar recuerdos y conectar fotos, videos, voces y emociones para que la familia construya una memoria viva, juntos y en privado. En Amoru esos recuerdos no se usan para publicidad ni para entrenar modelos de inteligencia artificial fuera de la aplicación.
Hoy Amoru sigue en piloto. Si entras y algo no se entiende, quiero saberlo. No necesitas conocer la tecnología ni tener tus fotos ordenadas: puedes escribirme y te ayudo personalmente a dar los primeros pasos.
“Ser parte de la historia de alguien no es solo ver lo que pasó. Es poder acompañar, recordar y dejar también una parte de ti.”
Durante el piloto te responde Carlos directamente.